¿Es la economía circular la clave para reconducir la crisis climática? ¿Se está asumiendo desde los principales poderes de decisión los compromisos acordados en las sucesivas cumbres mundiales? ¿Qué hace falta para llegar a tiempo? La apuesta por la transformación a una economía circular puede ser la palanca que movilice las piezas y agentes del cambio.  Con esta reflexión inicio una serie de artículos orientados a la comunicación y debate de un cambio tan apasionante como necesario. Traspasar las barreras del actual modelo lineal es un esfuerzo que nos concierne a todos pero sin duda hay fuerzas más potentes que otras llamadas a liderar el movimiento hacia la circularidad.

 

 

 

 

 

Febrero 2022, estamos a menos de 8 años del estratégico 2030 (poco más de 7 según el reloj del cambio climático de Nueva York). En cualquier caso, con muy poco margen de tiempo para abordar los importantes retos medioambientales necesarios para preservar la salud del planeta.

En 2015 la Comisión Europea estableció los principios para el Plan de Acción hacia la economía circular en Europa.  El Plan contemplaba un total de 54 medidas legislativas y no legislativas orientadas a:

  • garantizar que los productos de la Unión Europea sean totalmente sostenibles, regenerativos y eficientes en el uso de recursos naturales y energéticos.
  • Empoderar a los consumidores ofreciendo información suficiente y transparente para asegurar que adquieren productos más duraderos, eficientes y amigables con el medio ambiente.
  • Minimizar los residuos, fomentando los mercados secundarios de materias primas.
  • Centrar actuaciones sobre los sectores con mayor impacto medioambiental. Aquellos que utilizan más recursos y con mayor potencial de circularidad: electrónica, baterías y vehículos, envases y embalajes, plásticos, textil, construcción y alimentos.

Fruto de estas directrices (5 años más tarde por cierto) se aprobó, en marzo de 2020, la Estrategia de Economía Circular en España (EEEC).

De forma gráfica la EEEC se centra en cinco ejes y tres líneas de actuación y se marca importantes objetivos de reducción para el año 2030 con planes de actuación trienales en los que que las R´s de reducción, reutilización  y reciclaje son las grandes protagonistas.

 

 

Todo ello para conseguir una paulatina transformación del actual modelo lineal de producción (extraer-fabricar-consumir-tirar) a un modelo que promueva un uso más eficiente de los recursos, que fomente la regeneración y reutilización de los mismos y que minimice el residuo no valorizable.

El actual trienio 2020-2023 coincide con la puesta en marcha de las medidas adoptadas por el gobierno para la recuperación de la actividad a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) que será el instrumento que facilite la recuperación económica y el acceso a la financiación de Europa comprometida con los fondos Next Generation.

Se parte de la opinión unánime de que el modelo lineal actual es insostenible tanto por el lado de los recursos (en global necesitamos 2.8 veces el planeta Tierra para mantener los actuales niveles de producción y consumo), como por el de la capacidad para digerir la descomunal cifra de residuos generados.

Como alternativa, la Economía Circular se cimenta sobre unos sencillos principios:

  1. Preservar y regenerar el capital natural promoviendo flujos de recursos renovables.
  2. Optimizar el uso de los recursos promoviendo su reincorporación como componentes o materiales de otros productos.
  3. Fomentar la eficacia de los sistemas reduciendo o eliminando residuos y contaminación desde el diseño y a lo largo de toda la cadena de suministro en el ciclo de vida.

 

Una sencillez de principios que traslada importantes exigencias de cambio a consumidores, agentes económicos y gubernamentales.

Partiendo de la urgencia de la situación y habida cuenta de que se empieza a hablar de economía circular allá por los años setenta, parece que ya es momento de pasar de la recomendación a una normativa legal, fiscal y financiera que lleve a la implementación de cambios más estructurales

Hablar de economía circular es “pensar en sistemas interrelacionados”, es utilizar múltiples variables que impactan más allá del entorno directo de un país, empresa, comunidad o cadena de producción. Es pensar en términos de flujos, de reservas, de las conexiones de los impactos en el tiempo considerando variables económicas, sociales y medioambientales. Necesariamente es pensar en impacto a medio y largo plazo.

La Economía Circular no consiste en poner un menú vegano y vasos de cartón en la cafetería de la empresa, o si eres un distribuidor de moda fast fashion colocar “estratégicamente” en la tienda un contenedor para ropa usada y sacar una colección de algodón orgánico, tampoco eres más “sostenible” como banco por estar financiando coches híbridos o paneles solares o, como consumidor, realizando de forma aislada este tipo de compras. Estas actuaciones aunque puedan ayudar a tomar una tímida conciencia hacia el cambio sino forman parte de una estrategia global de implantación de economía circular en toda la cadena de valor de la empresa que trascienda en verdaderos cambios en el modelo de consumo actual, se quedan en el efecto óptico del momento, en el Green Washing.

Se necesita generar propuestas de valor alternativas e innovadoras desde la base o núcleo del propósito de los estados, empresas y ciudadanos. Y, para ello hay que cambiar el “marco del discurso” como indica Daniel Kahneman (Nobel Economía 2002 en su libro Pensar rápido, pensar despacio). Si en nuestra cultura es tan importante el resultado, es clave elegir bien qué tipo de resultados medimos.  Si nos preocupa producir y crecer mediremos unas cosas, si nos preocupa la calidad y bienestar de las personas y del planeta mediremos otras.  Y a partir de esas mediciones vendrán las acciones de estado con sus presupuestos, las normativas, la información, la financiación, la comunicación, los cambios de modelo de negocio y, en definitiva, como eslabón final, el necesario cambio en los hábitos de consumo.

¿Estamos verdaderamente preparados para abordar la transformación hacia una economía circular? ¿Qué nos bloquea para avanzar más rápido?

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