Las cifras actuales nos indican que desperdiciamos más del 90% de los materiales que consumimos y se pretende llegar al 2030 con una economía europea 100% circular. En este post reflexiono sobre algunos de los factores bloqueantes más relevantes y la lentitud con la que se están abordando temas sobradamente debatidos y sobre los que “aparentemente” existe consenso…

 

 

 

Según acaba de publicar Circle Economy en su último informe anual sobre la brecha de circularidad mundial, la economía circular a nivel global se ha estancado en un 8,6%, una cifra similar a la que reflejaba el informe del 2020, y menor que la de 2019, cuando se alcanzó una circularidad mundial del 9,1% (no se disponen de datos en 2021).

Según dicho informe, de continuar con la trayectoria actual de consumo se dispararía el uso de materias primas vírgenes (actualmente en 100.000 millones de toneladas anuales) entre 170.000 y 184.000 millones de toneladas anuales para 2050.

La economía mundial está consumiendo actualmente un 70% más de materiales vírgenes de los que el planeta puede reponer con seguridad.

Estamos atrapados en una dinámica que nos arrastra cada vez a mayor velocidad hacia el desastre climático y medioambiental del planeta al ser incapaces de reaccionar de forma contundente ante los factores bloqueantes del actual modelo.

¿Dónde están las resistencias al cambio hacia la circularidad?

A nivel mundial hay un consenso en considerar que la transición desde el actual sistema económico lineal (heredado de la Revolución Industrial) hacia una economía circular permitiría compatibilizar el desarrollo y bienestar económico de la creciente población mundial con la capacidad natural del planeta para soportarlo.

Además, se estima que podría generar un valor próximo a 4,5 billones de dólares en 2030, al tiempo que abundantes oportunidades de empleo y una mayor innovación. Por tanto, esta transición representa una gran oportunidad de desarrollo para países y empresas. No obstante, no parece que esta potencialidad sea lo suficientemente interesante para que gobiernos y agentes económicos apuesten por un modelo del que se reformulan objetivos y estrategias una y otra vez.

¿Qué factores están obstaculizando este necesario y urgente cambio?

Sin entrar en casuísticas de gobiernos, países o sectores industriales y económicos concretos detallo, a continuación, algunos factores más genéricos que actúan como paralizadores de “voluntades” y “compromisos” de los agentes que deberían liderar este cambio (gobiernos, instituciones, grandes empresas, organizaciones sectoriales empresariales y de consumo)

  • Falta de consenso político y de armonización normativa en gobiernos e instituciones supranacionales: lo cual se demuestra en los tímidos compromisos que se alcanzan año tras año en las sucesivas COP para el cambio climático. Si, como parece, existe un acuerdo en los objetivos (ODS) que queremos alcanzar como sociedad a nivel mundial (hablamos de bienestar, justicia social, igualdad, salud, conservación del medio ambiente), no parece muy lógico que el índice de medición aceptado universalmente y tomado como referencia para medir el buen hacer de la gestión económica y bienestar social de un país siga siendo el PIB. Cuando la medida de éxito de un gobierno o país sigue siendo la producción indiscriminada de bienes y servicios, nos dejamos por el camino el impacto en los recursos, la precariedad laboral, social y sanitaria y en, definitiva, el bienestar del conjunto del planeta. El debate sobre el cambio de medición lleva tiempo sobre la mesa, la propia OCDE lo ha planteado y algunos países y Estados ya lo están incorporando a la hora de plantear medidas presupuestarias.
  • Falta de consenso normativo y regulatorio a la hora de exigir la imputación contable del impacto económico, ambiental y social en las cuentas de resultados de las empresas: “Si medimos lo incorrecto, hacemos lo incorrecto”. Más allá de la obligación de publicar memorias no financieras, se hace necesario introducir en la contabilización de resultados de las empresas una variable homogénea (provisión de riesgos/ dotación contable) que matice al alza o a la baja el beneficio generado por las mismas en función del impacto generado por su cadena de suministro y producción, del consumo, de la gestión del residuo, de su política de recursos humanos, y su impacto social en factores reputacionales como igualdad, salarios dignos, exclusión social. En definitiva, un BAI corregido por el impacto social y medioambiental. Una variable cuya cuantificación sería posible y verificable realizando auténticas auditorías ESG que pongan en “valor bursátil” las verdaderas estrategias medioambientales y sociales y penalicen (con una política sancionadora clara y concreta) el Green Washing.  Se trata de cuantificar y contabilizar los criterios ESG de las empresas cotizadas y que verdaderamente sirvan como catalizadores de una inversión y financiación sostenible.
  • Barreras de acceso a la financiación y económicas: aspecto muy relacionado con el anterior. La transparencia y la coherencia aportada por una normativa contable y financiera alineada con la sostenibilidad, debería ser la premisa para facilitar la financiación “blanda” y accesible de los verdaderos negocios “verdes”. En el momento actual nos movemos en un escenario de gran confusión ya que nos encontramos en la tesitura de haber puesto “el carro antes que los bueyes”. A la vez que se publican normas y regulaciones para acceder a los fondos europeos no está muy claro cómo se va a verificar el adecuado destino de los mismos y de nuevo, podemos estar ante un escenario de financiación de negocios “aparentemente sostenibles” donde primen intereses particulares y políticos y que no contribuya a una capilarización homogénea de la economía circular a nivel nacional y europeo. Por otra parte, todavía no se ha abordado la eliminación de impuestos sobre el valor añadido (o en su defecto un impuesto reducido) en aquellos productos/servicios que, por ejemplo, hayan sido reciclados, que garanticen amplios plazos de ciclo de vida o que demuestren con un análisis de ciclo de vida serio su contribución a la reducción al impacto ambiental. Medidas que sin duda influirían en una mayor oferta “sostenible” y “asequible” para el consumidor.
  •  Barreras de aceptación cultural: El cambio de hábitos de consumo se indica como una de las principales barreras. No obstante, este punto es la consecuencia inequívoca de cómo está estructurado el modelo actual de oferta. Campañas mediáticas de consumo compulsivo (black friday, rebajas, San Valentín…), la presión promocional para acceder a una financiación de consumo “revolving” por parte de bancos y financieras de la gran distribución, la oferta de productos tecnológicos con obsolescencia programada y la escasez de “opciones y alternativas realmente circulares” en los puntos de venta, presionan el inconsciente colectivo hacia un consumo “teledirigido”. Un entramado de comunicación y marketing “nocivo” y que debería tipificarse como “impacto ambiental” e integrarse como una variable a gestionar y revisar dentro del ciclo del ciclo de vida del producto o servicio y que da de lleno al centro de la estrategia de ventas de muchas grandes compañías que pretenden calificarse como ESG o “socialmente responsables”.
  • Aunque también se habla de barreras tecnológicas y en las infraestructuras como factor bloqueante para un desarrollo más acelerado de la economía circular, desde mi punto de vista lo que subyace de fondo es una falta de voluntad de inversión y compromiso político para acometer los cambios necesarios. El conocimiento, las competencias, habilidades técnicas y herramientas tecnológicas abarcan varias décadas de desarrollo, aunque no han sido suficientemente aprovechadas y puestas en valor por la industria y los gobiernos. Se necesita una gran difusión formativa e informativa que incumbe a empresas, administraciones, entes educativos y sociales.

Parece, por tanto, que este cambio exige una auténtica regeneración en el actual marco político, económico, social, legislativo, financiero, fiscal. Si realmente implementamos cambios sustanciales en el modelo desde todos los ámbitos estaremos protagonizando la verdadera Revolución de la Nueva Economía hacia un modelo de capitalismo más responsable, más social y humano.

Teniendo en cuenta todos estos factores generales y los concretos que existen en cada país, sector, empresa y entorno social en España y en la Unión Europea me pregunto si, de verdad, ¿estamos avanzando con paso firme hacia el modelo de Economía Circular deseado para alcanzar los objetivos planteados para el 2030?

4 comentarios

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    Sistemas de calibración: importante para el rendimiento uniforme y óptimo de las máquinas.

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    Para los responsables de emprendimientos, la aporte en estaciones de calibración y dispositivos puede ser importante para mejorar la efectividad y rendimiento de sus dispositivos. Esto es principalmente trascendental para los empresarios que gestionan medianas y pequeñas negocios, donde cada detalle vale.

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